"Hoy me toca a mí"

Darte a ti lo que das a los demás

Hay personas que tienen muy claro cómo estar para los demás. Saben escuchar, saben sostener, saben hacer espacio. Son las que reciben la llamada cuando alguien está mal. Las que organizan, las que resuelven, las que aparecen.

 

A veces esa persona eres tú.

 

Ese lugar tiene mucha belleza. Hay amor ahí, hay sensibilidad, hay una capacidad genuina de presencia. Pero con el tiempo también puede volverse un sitio donde te vas borrando — donde estar disponible para todos se convierte en la norma, y tú quedas siempre de última en tu propia lista.

Yo misma he tenido que mirarlo de cerca. Dar, contener, acompañar… y darme cuenta de que casi nunca estaba en la lista de personas a quienes cuidaba. Había ternura para el otro, pero muy poca paciencia conmigo. Energía para sostener conflictos ajenos, pero casi ningún espacio para escuchar los míos con calma.

El cuerpo suele ser el primero en avisar que algo de eso ya no está funcionando. Cansancio que no se pasa. Irritación fácil. Ganas de estar sola sin saber bien por qué. La mente sigue diciendo «yo puedo», «no pasa nada», «ya descansaré» — mientras una parte de ti se va quedando atrás.

Aprender a darte a ti lo que das a los demás no significa dejar de acompañar. No se trata de volverse de pronto alguien que solo piensa en sí. Tiene más que ver con empezar a incluirte — reconocer que tu bienestar también importa, y que no siempre tienes que ocupar el lugar de la que sostiene todo.

En mi caso, esto empezó con algo muy concreto que empecé a llamar «hoy me toca a mí». No es una frase mágica, pero me ayuda a recordar que, al menos un rato, la energía tiene que regresar hacia adentro.

«Hoy me toca a mí» puede ser dejar un espacio en la agenda que no llenas con más trabajo ni más compromiso, sino con descanso real. Decir un «hoy no puedo» a tiempo, antes de llegar al límite. Elegir algo que nutra tu cuerpo y no solo tu productividad: caminar, estirarte, comer con calma, respirar. Pedir apoyo en vez de asumir que ya te las arreglarás sola.

No se trata de hacer grandes cambios de golpe. Se trata de ir entrenando al cuerpo y a la mente en una idea que quizás no estaba tan permitida: tú también mereces la calidad de cuidado que le ofreces a los demás.

En terapia, con personas que sostienen mucho a otros, una parte importante del trabajo va por ahí: ver de qué historias viene ese lugar de «yo aguanto», qué miedos hay detrás — miedo a fallar, a perder el vínculo, a dejar de ser necesaria — y cómo empezar a construir una manera de acompañar donde tú también quedes incluida.

Quizás al leer esto se te viene a la mente una escena reciente donde diste más de lo que tenías. O un día donde pensaste «necesito parar» y seguiste igual.

Si es así, quizás sea un buen momento para practicar tu propio «hoy me toca a mí». Un gesto pequeño, concreto, que le recuerde a tu cuerpo que también cuenta.

Y si sientes que te cuesta hacerlo sola, puedes traerlo a terapia. A veces necesitamos que alguien nos acompañe justo en ese movimiento: pasar de ser únicamente quien cuida, a permitirnos también ser cuidadas.

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Carmen Elvira Rojas

Terapia Gestal e Inteligencia Espiritual