La incertidumbre suele despertar muchas preguntas...

Aprender a habitar la incertidumbre

Hay etapas de la vida en las que quisiéramos saber qué viene después. 

Esperamos una señal, una respuesta o una certeza que nos permita sentir que volvemos a tener el control. Hacemos planes, imaginamos escenarios y tratamos de adelantarnos a lo que todavía no ha ocurrido, como si conocer el final pudiera aliviar la inquietud del presente. 

Sin embargo, hay momentos en los que la vida simplemente no responde de inmediato. Y esa es una de las experiencias más difíciles de sostener.

Vivimos acostumbrados a buscar seguridad. Nos tranquiliza sentir que sabemos hacia dónde vamos, que las decisiones que tomamos tendrán el resultado esperado y que aquello que hoy nos preocupa pronto encontrará una solución. Pero no todos los procesos funcionan así. Hay caminos que solo revelan el siguiente paso cuando estamos dispuestos a dar el anterior.

Con los años he aprendido que la incertidumbre no siempre aparece para quitarnos algo. Muchas veces llega para enseñarnos una manera diferente de caminar: nos invita a soltar la necesidad de controlarlo todo y a descubrir que también podemos sostenernos cuando todavía no conocemos el desenlace. Eso no significa que deje de dar miedo.

La incertidumbre suele despertar muchas preguntas. ¿Y si no sale bien? ¿Y si me equivoco? ¿Y si pierdo algo importante? La mente intenta protegernos imaginando todas las posibilidades, mientras el cuerpo permanece en un estado de alerta que puede sentirse como cansancio, tensión o dificultad para descansar. Es una reacción profundamente humana. Lo importante no es dejar de sentirla, sino no permitir que sea ella quien tome todas nuestras decisiones.

Yo misma he tenido que aprender a convivir con espacios donde no había respuestas claras: momentos en los que hubiera querido saber exactamente qué iba a ocurrir y en los que la única posibilidad era seguir caminando con confianza, aunque todavía no pudiera ver el camino completo. No fue fácil. Pero con el tiempo comprendí que algunas de las experiencias más valiosas de mi vida comenzaron precisamente allí, en un lugar donde había más preguntas que certezas.

La incertidumbre también tiene algo para mostrarnos: nos recuerda que no todo depende de nuestra capacidad para prever el futuro, que hay una parte de la vida que solo puede descubrirse mientras la vivimos, y que algunas respuestas aparecen después de haber dado el paso y no antes.

Esto también lo veo en consulta: personas que sienten que su vida está cambiando  y todavía no encuentran un nuevo equilibrio. No busco apresurar las respuestas ni llenar el silencio con explicaciones. El trabajo consiste, muchas veces, en sostener ese espacio con suficiente calma para que la persona pueda escucharse sin sentirse obligada a decidirlo todo de inmediato.

Con el tiempo, algo empieza a cambiar. No siempre las circunstancias; cambia la manera de habitarlas. Y cuando eso ocurre, la incertidumbre deja de sentirse únicamente como una amenaza y comienza a convertirse en un espacio donde también puede nacer la confianza.

Hoy quizás estés atravesando una etapa en la que no sabes con claridad qué viene después. Si es así, recuerda que no siempre necesitas tener el mapa completo para seguir caminando. A veces basta con confiar en el siguiente paso, y permitir que la vida vaya mostrando el camino mientras tú continúas avanzando con presencia y con la certeza de que no todo tiene que estar resuelto para seguir viviendo con sentido.

Si esta reflexión resonó contigo…

«Mi hogar, mi piso, mi esencia» nació precisamente de esa búsqueda: reconocer qué permanece cuando la vida se mueve y cómo volver a ese lugar interior que nos sostiene.

Es un libro tejido de preguntas, recuerdos, silencios y reflexiones que escribí durante estas semanas.

Puedes descargarlo aquí  y recorrerlo a tu propio ritmo.

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Carmen Elvira Rojas

Terapia Gestalt e Inteligencia Espiritual