...no siempre podemos sostenernos desde afuera.

Lo que permanece cuando todo cambia

Hay momentos en los que la vida cambia tan rápido que sentimos que todo aquello que conocíamos deja de ser suficiente. Cambian los lugares, cambian las rutinas, cambian las personas que están cerca, cambian los planes que habíamos hecho y, algunas veces, también cambia la forma en que miramos el mundo. 

Cuando eso ocurre, es fácil creer que todo se ha movido. Y, sin embargo, con el tiempo he descubierto que siempre hay algo que permanece.

No suele ser aquello que imaginábamos. Muchas veces pensamos que nuestra seguridad depende de las circunstancias: de que las personas estén, de que las cosas salgan como esperamos o de que la vida conserve el orden que conocíamos. Pero basta que algo importante ocurra para comprender que no siempre podemos sostenernos desde afuera.

Es entonces cuando aparece una pregunta distinta:

¿Con qué cuento cuando aquello que daba estabilidad deja de estar?

No es una pregunta sencilla, ni tiene una única respuesta. Cada persona la va descubriendo mientras atraviesa su propia historia. Algunas descubren que permanece la manera en que aman. Otras descubren la fe que las ha acompañado incluso en los momentos de mayor incertidumbre. Hay quienes reconocen que permanecen ciertos valores, una forma de mirar la vida, la capacidad de volver a empezar o la confianza que han construido después de atravesar muchas dificultades.

Yo misma he tenido que hacerme esa pregunta en distintos momentos. Y cada vez que la vida ha movido algo importante, he terminado encontrándome con aquello que no había desaparecido: mi capacidad de escuchar, la necesidad de vivir con sentido, la certeza de que siempre vale la pena volver a lo esencial. No porque el dolor deje de existir, ni porque todo se acomode de inmediato, sino porque, aun en medio del movimiento, hay una parte de nosotros que sigue siendo verdadera.

El cuerpo también lo reconoce. Después de la inquietud inicial, después de la necesidad de entenderlo todo, llega un momento en el que la respiración empieza a encontrar otro ritmo. No porque las respuestas hayan aparecido por completo, sino porque comenzamos a sentir que todavía hay un lugar donde podemos sostenernos. Ese lugar no siempre está afuera; muchas veces vive dentro de nosotros.

En terapia, suelo acompañar precisamente ese recorrido: ayudar a las personas a reconocer aquello que permanece cuando todo parece haberse transformado. Porque no se trata únicamente de atravesar una crisis, sino también de descubrir qué recursos, qué valores y qué fortalezas siguen estando disponibles para caminar lo que viene.

Con frecuencia, después de un cambio importante, las personas sienten que tienen que reconstruirse desde cero. Pero no siempre es así.

Hay partes de ti que no necesitan volver a construirse. Solo necesitan ser recordadas.

Hoy quizás estés viviendo un momento en el que muchas cosas parecen moverse al mismo tiempo. Si es así, antes de preguntarte qué has perdido, prueba hacerte otra pregunta:

¿Qué sigue estando presente en mí, incluso ahora?

Tal vez descubras que aquello que verdaderamente te sostiene nunca depende por completo de las circunstancias. Y que, aun cuando la vida cambia, siempre existe un lugar al que puedes volver.

Si esta reflexión resonó contigo…

«Mi hogar, mi piso, mi esencia» nació precisamente de esa búsqueda: reconocer qué permanece cuando la vida se mueve y cómo volver a ese lugar interior que nos sostiene.

Es un libro tejido de preguntas, recuerdos, silencios y reflexiones que escribí durante estas semanas.

Puedes descargarlo aquí  y recorrerlo a tu propio ritmo.

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Carmen Elvira Rojas

Terapia Gestalt e Inteligencia Espiritual