Con el tiempo he comprendido que reconocer lo vivido...

Reconocer lo que ya has recorrido

Hay etapas de la vida en las que resulta muy fácil mirar únicamente lo que falta: lo que todavía no has logrado, lo que sigue siendo difícil, lo que aún no termina de acomodarse de la manera que esperabas. La mirada se va hacia adelante y, casi sin darte cuenta, empiezas a medir tu vida por la distancia que te separa de aquello que deseas alcanzar. 

Y entonces algo importante puede quedar fuera de la fotografía: todo lo que ya has recorrido. Las decisiones que tomaste cuando no tenías claridad, los momentos en los que seguiste adelante aun sintiendo miedo, las veces que tuviste que reconstruirte después de una pérdida, una decepción o un cambio que no habías elegido. 

Muchas personas tienen facilidad para reconocer el valor de quienes aman, pero les cuesta hacer ese mismo ejercicio consigo mismas. Reconocen la fortaleza del otro, celebran su crecimiento, valoran sus logros, pero cuando se trata de mirar su propia historia, suelen enfocarse en lo que todavía falta por resolver.

Yo misma he tenido que aprender a detenerme de vez en cuando para mirar el camino recorrido, no para quedarme viviendo en el pasado, sino para reconocer que cada etapa ha dejado algo importante en mí. Algunas experiencias trajeron alegría; otras llegaron acompañadas de dolor, incertidumbre o despedidas. Pero incluso esas etapas difíciles me mostraron aspectos de mí que antes no conocía, me enseñaron recursos que no sabía que tenía y me obligaron a desarrollar una fortaleza que nunca habría descubierto de otra manera.

Con el tiempo he comprendido que reconocer lo vivido no significa aprobar todo lo que ocurrió, sino aceptar que esa historia también forma parte de quien eres hoy: tus aprendizajes, tus cambios, las decisiones que tomaste con las herramientas que tenías en ese momento, las veces que te caíste y también las veces que encontraste la manera de volver a levantarte.

Hay algo que se acomoda cuando empiezas a mirar tu recorrido completo y no solamente aquello que todavía está pendiente. El cuerpo suele responder a ese reconocimiento: aparece un poco más de calma, menos necesidad de demostrar, menos urgencia por llegar a algún lugar para sentir que finalmente eres suficiente.

En terapia, acompaño precisamente ese movimiento: ayudar a las personas a mirar su historia de una forma más amplia, reconociendo no solo las heridas o las dificultades, sino también los recursos, la fortaleza y los aprendizajes que han construido a lo largo del camino.

Date un momento hoy para hacer este ejercicio contigo: detente por un instante, mira hacia atrás y reconoce todo lo que has atravesado para llegar hasta aquí. Porque aunque todavía haya cosas que sigan creciendo y transformándose dentro de ti, también hay una parte de tu camino que merece ser vista, valorada y agradecida.

Si esta reflexión resonó contigo…

«Mi hogar, mi piso, mi esencia» nació precisamente de esa búsqueda: reconocer qué permanece cuando la vida se mueve y cómo volver a ese lugar interior que nos sostiene.

Es un libro tejido de preguntas, recuerdos, silencios y reflexiones que escribí durante estas semanas.

Puedes descargarlo aquí  y recorrerlo a tu propio ritmo.

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Carmen Elvira Rojas

Terapia Gestalt e Inteligencia Espiritual