No te apresures a pensar que te equivocaste

Volver a elegirte no siempre se siente cómodo

Hay decisiones que, aunque sabemos que necesitamos tomar, no se sienten como un alivio. Se sienten como una incomodidad: como una culpa que aparece cuando dices que no por primera vez, como el silencio que queda después de poner un límite, como esa sensación de estar haciendo algo extraño simplemente porque elegiste hacerte caso. 

Y entonces surge la duda.

«¿Habré exagerado?»

«¿Y si hubiera podido seguir aguantando un poco más?»

«¿Y si ahora decepciono a alguien?»

Muchas personas llegan a ese momento creyendo que, cuando empiecen a cuidarse más, sentirán inmediatamente paz. Pero no siempre ocurre así. A veces, lo primero que aparece es el malestar de estar haciendo algo diferente, porque durante mucho tiempo aprendieron que ser buenas significaba estar siempre disponibles, que querer a los demás era anteponer sus necesidades, que descansar podía esperar, que pedir ayuda era una señal de debilidad. 

Cuando has vivido mucho tiempo desde ese lugar, elegirte puede sentirse casi como aprender un idioma nuevo. No porque esté mal, sino porque todavía no resulta familiar.

Yo misma he tenido que reconocer esos momentos: instantes en los que sabía que necesitaba detenerme, decir que no o cambiar una forma de hacer las cosas, y aun así aparecía una parte de mí que quería volver a lo conocido, simplemente porque era lo que siempre había hecho.

Con el tiempo comprendí que la incomodidad no siempre significa que vamos por el camino equivocado. Muchas veces significa que estamos dejando atrás una manera de vivir que ya no nos hace bien.

El cuerpo también atraviesa ese aprendizaje. Hay una parte que quiere volver a lo de siempre porque allí sabe cómo moverse, y otra que empieza, poco a poco, a descubrir que vivir desde un lugar más honesto también trae una forma distinta de tranquilidad. No es una tranquilidad inmediata; es una confianza que se construye cada vez que respetas un límite, cada vez que escuchas una necesidad antes de ignorarla, cada vez que eliges responder desde quien eres hoy y no desde quien aprendiste que tenías que ser.

Acompaño con frecuencia ese momento: el de las personas que ya comprendieron lo que necesitan, pero todavía están aprendiendo a sostenerlo sin sentirse culpables. Porque entender algo es un paso importante, y aprender a vivir de acuerdo con eso es otro proceso — ambos necesitan tiempo.

Hoy hay, tal vez, una decisión que sabes que necesitas tomar. No porque vaya a resolver toda tu vida, sino porque es coherente con la persona en la que te estás convirtiendo. Si al dar ese paso aparece incomodidad, no te apresures a pensar que te equivocaste: solo estás dejando de caminar por un lugar que ya no era tuyo. Y eso, aunque al principio no siempre se sienta cómodo, también es una forma de empezar a vivir con más verdad.

Si esta reflexión resonó contigo…

«Mi hogar, mi piso, mi esencia» nació precisamente de esa búsqueda: reconocer qué permanece cuando la vida se mueve y cómo volver a ese lugar interior que nos sostiene.

Es un libro tejido de preguntas, recuerdos, silencios y reflexiones que escribí durante estas semanas.

Puedes descargarlo aquí  y recorrerlo a tu propio ritmo.

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Carmen Elvira Rojas

Terapia Gestalt e Inteligencia Espiritual